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Un marco de gran valor histórico

El Castillo de San Cucao, histórica Casa de los legendarios Valdés, y así conocida como La Torre de Valdés, es un solar de grandes memorias, porque sus antiguos señores fueron figuras principales, no ya en el Concejo, sino en la Provincia. En el año 2006, fue declarado Bien de Interés Cultural de Asturias.

La leyenda

La Torre de Valdés es una magnífica construcción con muros de un metro y medio de grosor en la gran torre cuadrada y almenada, a la que adosa un cuerpo rectangular. Aunque de origen medieval, ha sido restaurada y reformada en diversas épocas, la última en el siglo XIX. Se conservan diversos huecos con parteluces, algunos primitivos, que pueden corresponder al siglo XV. La construcción es un conjunto amable y bien dispuesto en el paisaje.

Como tantas otras torres y castillos, La Torre de Valdés tiene su leyenda: se relata en viejas histórias que Don Diego Menéndez de Valdés, a quien con razón apodaban “El Valiente”, dueño y señor de la Torre de San Cucao, se negó a prestar auxilio a Don Enrique de Trastámara, quien luchaba por el trono de España contra su hermano Don Pedro. Cuando murió el Rey y Enrique subió al trono, Don Diego fue perseguido. Tal fue la saña de la persecución que para salvar su vida, se vió obligado el noble caballero asturiano a recluirse en el monasterio de Galicia.

Pasados los años y durante unas fiestas reales que se celebraban en Valladolid, hubo luchas (suponemos que serían grecorromanas), en las que los luchadores españoles fueron derrotados por los franceses. Pidió el monarca nuevos caballeros que tomaran parte en las luchas. Entonces, se presentó en la plaza un caballero vestido de negro y con el rostro cubierto con la visera del casco.
Uno a uno fue derrotando a los caballeros galos, por lo que tuvo gran satisfacción del Rey. Terminado el espectáculo, llamó el monarca al desconocido caballero, a quien preguntó quién era: “Soy un antiguo vasallo de vuestra Majestad, que no os quiso dar posada ni ayuda cuando Vos demandasteis en San Cucao de Llanera; mi casa está arrasada y mis tierras sembradas de sal.”

El Rey, como premio a su valentía, le devolvió sus tierras con el perdón. Don Diego volvió a Llanera y reedificó su Torre en el solar de la que había sido desmantelada por orden de Don Enrique de Trastámara.

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